Y, de repente, un milagro
Muy rara vez se dan los milagros tanto en la vida como en la literatura. Pero a veces suceden, creedme. Es como ese tesoro que nos pasamos la vida buscando, y un buen día, sin esperarlo, lo encontramos a los pies de un árbol. Hay que indagar mucho, leer sobremanera, para dar con el milagro de una isla. El milagro lleva por título Helena o el mar del verano , publicado por Ínsula, nada menos que en 1952. Su autor es Julián Ayesta. Lo compré en el Rastro de Albacete, un domingo cargado de nubes inciertas como hoy. El librero desconocía lo que me estaba vendiendo. Vergüenza me da confesar lo que pagué por esta joya. He vuelto a releerlo en la edición de Acantilado. Me ha deslumbrado más que la primera vez. ¿Cómo se pudo escribir esta novelita, de apenas 80 páginas, en la posguerra? Cuenta la historia de amor entre dos niños, narrada por el protagonista del que no conoceremos su nombre. Ese amor de pantalones cortos que nos acompañará hasta el fin de los días. Helena o el ...