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Yo maté a Dorian Gray

Maquiavelo el patriota

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La Real Academia Española, en la tercera acepción sobre el adjetivo maquiavélico, escribe: "astuto y engañoso". El término tiene connotaciones negativas en la vida y en la política. Sostener que alguien es maquiavélico es decir que oculta un alma oscura. Nicolas Maquiavelo (1469-1527) ha arrastrado esta mala fama, difundida por aquellos que no han leído su obra, ni siquiera El príncipe , cuya lectura lleva dos tardes bien empleadas.  De joven leí una biografía del pensador italiano, la he buscado por toda la casa para escribir este artículo, y no la he hallado. De ella recuerdo que Maquiavelo fue torturado cuando cayó en desgracia; fue aficionado a jugar a las damas con sus compinches, mientras charlaban y bebían vino, y zurraba de lo lindo a su mujer, con la que tuvo siete hijos. Vivió en la Florencia del Renacimiento, un periodo turbulento en que su patria siempre estuvo en peligro, a merced de los poderosos que se la disputaban, fuesen el Papa Alejandro VI, los reyes de Fr...

Las tribulaciones de un escritor de derechas

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Wenceslao Fernández Flórez (1885-1964) es un escritor relativamente olvidado. Adquirió la fama como cronista parlamentario en ABC , en sustitución de Azorín, allá por los años veinte. Al final del siglo pasado, su nombre salió del ostracismo gracias a la adaptación cinematográfica de José Luis Cuerda sobre su novela más conocida, El bosque animado . Otro libro digno de ser leído es Volvoreta . Ambos transcurren en Galicia, de donde Fernández Flórez era originario. Como otros autores gallegos, fue un gran escritor en castellano. Su prosa poseía la musicalidad adquirida de la lengua de Rosalía de Castro.  Nuestro protagonista fue un superviviente de la última guerra civil. Identificado con la prensa conservadora, salvó la vida escondiéndose en domicilios particulares y dos embajadas, la de Argentina y la de Países Bajos, en el primer año de la contienda. Otros compañeros de ABC , entre ellos Víctor Pradera y Manuel Bueno, carecieron de su suerte. Fueron asesinados a manos de milician...

La tierna indiferencia del mundo

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  A la memoria de mi padre El primer libro que ha caído en mis manos tras la muerte de mi padre ha sido El extranjero , de Albert Camus. En puridad no se trata de una lectura, sino de una relectura. El ejemplar lo compré en la librería Sanchos Ochoa de Logroño, en noviembre de 1993, recién llegado a la ciudad. He releído la novela de Camus después de ver la película de François Ozon, que sigue casi al pie de la letra la historia protagonizada por Meursault, un joven que vive en la Argelia de los años treinta, cuando era colonia francesa.  Esta novela, publicada en 1942, dio a conocer a Albert Camus (1913-1960) en el mundo de las letras de su país. Nacido en Argelia y con raíces españoles por parte de madre, Camus es de esos escritores con duende, portador de un carisma que lo hace atractivo a sucesivas generaciones. Novelista, periodista, autor teatral y ensayista, el autor de La peste  sigue despertando el interés de nuevos lectores. El tiempo le ha dado la razón en su p...

Otros vendrán que bueno te harán

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El interés por la figura de Fernando VII no afloja, acaso porque es el malo de esa película en blanco y negro, de serie B, con pésimos actores y peor guion, que es la historia contemporánea de España. Los historiadores han sido generosos en el empleo de la adjetivación para describir al personaje: malvado, traidor, mentiroso, cruel, egoísta, cobarde, vengativo, desconfiado y otras lindezas que me ahorro para no aburrir al lector. El rey felón, así se le conoce.  Como desconfío de las unanimidades, así sean en la historia como en la vida, me interesé por la biografía del hijo de Carlos IV y María Luisa de Parma. Sabia decisión la de leer el ensayo  Fernando VII. Un rey deseado y detestado , escrito por Emilio La Parra, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alicante. De este historiador guardaba la excelente impresión que me causó su biografía sobre Manuel Godoy, que perdió el poder a raíz del motín de Aranjuez, organizado y financiado por Fernando.  El...

¡Ay de los vencidos!

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Si te haces llamar Louis-Ferdinand Céline, aunque tu nombre real sea Louis Ferdinand Auguste Destouches, por fuerza te has de abrir paso en el incierto camino de las letras. Llegarás alto. Bien distinto es que fueses bautizado como Pedro y el primer apellido de tu padre fuese Maestre. Con estas credenciales pudiste aspirar a ganar el premio Nadal, antes de que se hundiese en el completo desprestigio, y después acabar en el olvido, como así fue.  Céline (1894-1961) sigue siendo un escritor maldito, tantos años después de su muerte. Pertenece a esa larga nómina de autores mal vistos por sus ideas o conductas privadas. Pero sus obras tienen tanto poder que pasan por encima de sus detractores. Que le pregunten a H. P. Lovecraft y a Curzio Malaparte. Hoy como ayer, el escritor se enfrenta a tribunales de corrección política. Se ha de escribir lo que toca, alimentando los prejuicios de los lectores, para ser publicado. Los editores, que viven de un negocio menguante, son reacios a las so...

El sueño americano tenía truco

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Todos escondemos un truco. Algunos, los más ladinos, varios. Señal de madurez es descubrir las trampas de tu interlocutor. De sensatos es desarrollar el colmillo retorcido. John Cheever (1912-1982) tuvo especial habilidad para desmontar la tramoya del sueño americano. Estados Unidos, primera potencia y primera gran mentira del mundo. Estados Unidos es el emperador desnudo que queda a la vista, con todas sus vergüenzas, gracias al dedo vacilante de un borracho con ínfulas de patricio. Ese borracho, ese alcohólico brillante e insoportable, fue John Cheever.  Hace meses leí sus Cuentos y, semanas después, sus Diarios . Ambos libros están publicados en Debolsillo. Cientos de páginas de un escritor sobresaliente. Si a comienzos de esta década me hubiesen preguntado por él, no hubiera sabido responder, o hubiese balbuceado una respuesta incoherente e imprecisa, para salir del paso. ¿John Cheever? ¿Quién es? Hay escritores que se descubren después de un largo trecho, después de cam...

Los humoristas son gente triste y honrada

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Mi profesión me ha llevado a leer Tres sombreros de copa , de Miguel Mihura. No puedo asegurar si es la primera vez o, en realidad, se trata de una relectura. Puede que cayese en mis manos hace muchos años. No lo recuerdo. Pasa con la mayoría de los libros: con el tiempo lo olvidas todo sobre ellos.  De cualquiera manera, la comedia de Mihura es una hermosa extrañeza en el teatro español del siglo XX. Sigue viva casi cien años después de haber sido escrita. El autor madrileño la acabó en 1932, pero no la estrenó hasta 1952, en un montaje dirigido por un joven Gustavo Pérez Puig. Veinte años en que Mihura no encontró a un empresario que se arriesgara a ponerla en escena.  Mihura (1905-1977) fue uno de esos escritores que llegan demasiado pronto o demasiado tarde a contentar al público. Tres sombreros de copa fue un antecedente del teatro del absurdo que dominó la escena europea en los años cuarenta y cincuenta. De haber nacido en otro país, de haber sido irlandés como Samuel B...