De la tristeza y la delicadeza de los cisnes
¿Quién no leyó, por mandato escolar, algunos versos de Rubén Darío cuando fue adolescente? Versos que quedaron para siempre grabados en la memoria, como el que abre el poema Sonatina : La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa? O los también memorables Juventud, divino tesoro / ¡ya te vas para no volver! , inicio de Canción de otoño en primavera . Darío, como Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y Gustavo Adolfo Bécquer, estaban incluidos en el temario de Literatura española, en el bachillerato. Era obligada su lectura por ser clásicos, a diferencia de lo que ocurre hoy, cuando los alumnos lo ignoran todo sobre ellos. Después de nuestro paso por el instituto, esos poetas cayeron en el olvido. En la biblioteca familiar puede que hubiese alguna antología de alguno de ellos, mezclada con una novela de Los cinco, de Enid Blyton . Pasaron los años, y ahí seguían Machado y Bécquer, a la espera de que una mano generosa se acordase de ellos. Como el poeta nicaragüense, cr...