Houellebecq, el moralista inesperado
Hay escritores bendecidos con el don de captar el espíritu de una época. Con la precisión del cirujano experto, sajan el cuerpo social y de él extraen sus vísceras podridas para analizarlas sin prejuicios. Detectan los síntomas de descomposición y, en algunos casos, sus obras profetizan el futuro sobre las ruinas del presente. Ven lo que un común ignora: las leyes secretas que gobiernan un tiempo. Balzac, Galdós y Chirbes pertenecen a esta raza de escritores. Y Michel Houellebecq. Cuando este autor francés (1958) publicó su primera novela Ampliación del campo de batalla en 1994, el mundo todavía se las prometía muy felices. Había caído el comunismo y un profesor de apellido japonés, con cierta osadía, declaró el final de la historia. Eran los tiempos del neoliberalismo, que se abría paso frente a una izquierda desnortada a raíz del hundimiento de la URSS; de gobernantes borrachines como Yeltsin y de una Iglesia que intentaba recuperar la influencia perdida de la mano severa...