¡Ay de los vencidos!
Si te haces llamar Louis-Ferdinand Céline, aunque tu nombre real sea Louis Ferdinand Auguste Destouches, por fuerza te has de abrir paso en el incierto camino de las letras. Llegarás alto. Bien distinto es que fueses bautizado como Pedro y el primer apellido de tu padre fuese Maestre. Con estas credenciales pudiste aspirar a ganar el premio Nadal, antes de que se hundiese en el completo desprestigio, y después acabar en el olvido, como así fue. Céline (1894-1961) sigue siendo un escritor maldito, tantos años después de su muerte. Pertenece a esa larga nómina de autores mal vistos por sus ideas o conductas privadas. Pero sus obras tienen tanto poder que pasan por encima de sus detractores. Que le pregunten a H. P. Lovecraft y a Curzio Malaparte. Hoy como ayer, el escritor se enfrenta a tribunales de corrección política. Se ha de escribir lo que toca, alimentando los prejuicios de los lectores, para ser publicado. Los editores, que viven de un negocio menguante, son reacios a las so...