Los solteros mueren antes

Hay películas que están a la altura del libro que las inspiraron. Es el caso de Un hombre soltero, la opera prima del diseñador Tom Ford -el de las gafas de pasta-, basada en la novela de Christopher Isherwood (1904-1986). La película se estrenó en 2009, y tuvo a Colin Firth como protagonista en el papel de George Falconer, el profesor universitario, homosexual, que lucha por superar la pérdida de Jim, su pareja, muerto en un accidente de tráfico. 

Curiosidades de la vida. Este libro fue el primero que leí después de mi cumpleaños. El protagonista tiene 58 años como yo. Pero no sólo compartimos la edad; ambos somos profesores, él en un campus en Los Ángeles y yo en un instituto devastado de la provincia de Valencia; somos aficionados a la lectura, buscamos un sentido a la vida después perder a seres queridos, y vivimos nuestra soltería en soledad, sin nadie que nos cuide, ni nadie a quien cuidar (soltero y solitario son palabras casi paronímicas). Lo que nos diferencia es que a él le gustan los hombres y a mí, las mujeres (cierto es que cada vez menos).

Christopher Isherwood, inglés nacionalizado estadounidense en 1946, publicó Un hombre soltero en 1964. Su obra gran novela es Adiós a Berlín, también editada en Acantilado, que cuenta su experiencia en la capital de Weimar, acompañado por el ensayista W. H. Auden, y su salida en 1933 con la llegada de los nazis al poder. Esta película inspiró la película Cabaret


Pero centrémonos en Un hombre soltero. Narra un día en la vida de George Falconer en 1962, cuando la crisis de los misiles entre EE UU y la Unión Soviética amenazó la supervivencia del planeta. Esta breve novela es la historia de un hombre maduro que ha tocado fondo con la muerte de su pareja. Su desolación es íntima, no trasciende, porque está acostumbrado a fingir. Es un "actor" e interpreta el papel que esperan de él: un profesor atildado, amable, que imparte sus clases sabiendo que todo es inútil en una universidad convertida en "una fábrica moderna y aséptica" que vomita miles de graduados cada año. 

Pese a todo, George Falconer representa la "esperanza" para sus alumnos. "Y la esperanza no es falsa. No, Lo que ocurre es que George se parece a un hombre que intenta vender en la calle, por unos céntimos, un diamante auténtico", escribe el autor. Como tantos profesores de ayer y de hoy, Falconer se pregunta por el futuro de esos estudiantes. "¡Dios mío!, ¿qué será de ellos? ¿Qué posibilidades tienen? ¿Debo avisarlos a gritos, aquí y ahora, de que es inútil?", se pregunta el protagonista de la novela. 

Falconer vive en una zona residencial, rodeado de familias aparentemente idílicas como los Strunk, con niños como Benny que se dedican a destrozar todo lo que pillan a su paso. Y así los Strunk se reúnen con los Garfein los fines de semana para preparar una barbacoa. Con distanciamiento e ironía, el profesor observa el triunfo de estas típicas familias estadounidenses para las que él es un sujeto extraño, misterioso, sobre el que apenas se sabe de su vida. 

Las pérdidas de los que amamos pueden alimentar nuestro rencor hacia el mundo. ¿Por qué me tocó a mí la peor parte? ¿Por que ellos son felices, aparentemente felices, y yo no? El odio es un estimulante para George Falconer, que ha prometido vengarse del mundo. De esta manera, imaginando cruentos asesinatos, intenta sobrevivir a la tiranía de los recuerdos, a que todo, hasta el más mínimo detalle, le traiga la sombra dolorosa de Jim, interpretado Matthew Goode en la película de Tom Ford. "Rabia, resentimiento, rencor; de esto se compone la vitalidad de la mediana edad", escribe Isherwood en referencia al protagonista. 


El soltero Falconer sabe que la suerte está echada, no se hace ilusiones, los buenos tiempos no volverán, ya no hay muro que le proteja de la muerte. Sólo cabe encontrar consuelo y algo de cariño en quienes también han iniciado la cuenta atrás. Y ahí está Charlotte (Julianne Moore) para ofrecérselo. Porque ella, aunque más joven, está igual de desesperada. Y beben, y bailan, y se ríen, y se emborrachan, y hasta ella lo besa en los labios. Y él se deja. Y tal vez no esté todo perdido. El fantasma del deseo resurge al encontrarse con Kenny, uno de sus alumnos. "Supongo que me tomas por un viejo verde, ¿no?", le pregunta el profesor.   

En esta novela hay mucho dolor, tristeza, desapego de las cosas y de las personas, pero también ironía y humor en el que se sabe un actor a punto de salir de escena. Es un libro hermoso, de lectura recomendable. La película vuela alto también, aunque no siga el texto al pie de la letra. Hay escenas que no aparecen en el libro. Me quedo con una de ellas: el diálogo entre Falconer y un chapero, Carlos, interpretado por Jon Kortajana.

En el aparcamiento de un drugstore, Falconer se interesa por la vida de Carlos. Este le dice que es de Madrid y que ha venido a Los Ángeles a triunfar como modelo o actor, pero que su aspecto latino juega en contra. La madre de Carlos es peluquera. "Me cortó el pelo antes de venirme. Yo creí que así me parecía a James Dean", "Eres más guapo que James Dean", le responde Falconer. 

Carlos se le ofrece para tener sexo. El profesor lo rechaza. "Hoy es un día bastante grave para mí. Estoy intentando recuperarme de un antiguo amor". Carlos intenta animarlo: "Ma madre me dice que los amantes son como los autobuses. Sólo hay que esperar un poco y enseguida llega otro".

George Falconer amaga con despedirse. Carlos no quiere perderlo, no se sabe si como cliente o amigo. "Soy un buen tipo. Creo que lo que necesitas es a alguien que te quiera de verdad". 

"Me voy de viaje", le responde el profesor antes de meterse en el coche y marcharse.

Colin Firth obtuvo la Copa Volpi al mejor actor en el festival de Venecia de 2009.    





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