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Mostrando entradas de julio, 2026

Houellebecq, el moralista inesperado

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Hay escritores bendecidos con el don de captar el espíritu de una época. Con la precisión del cirujano experto, sajan el cuerpo social y de él extraen sus vísceras podridas para analizarlas sin prejuicios. Detectan los síntomas de descomposición y, en algunos casos, sus obras profetizan el futuro sobre las ruinas del presente. Ven lo que un común ignora: las leyes secretas que gobiernan un tiempo. Balzac, Galdós y Chirbes pertenecen a esta raza de escritores.  Y Michel Houellebecq.  Cuando este autor francés (1958) publicó su primera novela Ampliación del campo de batalla en 1994, el mundo todavía se las prometía muy felices. Había caído el comunismo y un profesor de apellido japonés, con cierta osadía, declaró el final de la historia. Eran los tiempos del neoliberalismo, que se abría paso frente a una izquierda desnortada a raíz del hundimiento de la URSS; de gobernantes borrachines como Yeltsin y de una Iglesia que intentaba recuperar la influencia perdida de la mano severa...

Las confesiones de un editor distinguido

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El escritor tiene al editor y al librero como compañeros de viaje. Una vez acabado un libro, la principal preocupación de un autor es encontrar a quien se lo publique. La mayoría de las veces nadie atiende su petición. Y, para que no se pudra en un cajón, recurre a la autoedición, que es una forma frecuente de autoengaño de la que viven las imprentas. Un escritor novel sueña con que célebres editoriales como Anagrama, Tusquets o Seix Barral publiquen su novela, pero en realidad desconoce cómo funcionan estas empresas, cuáles son sus reglas, no siempre transparentes, y sus códigos. Conocerlas le ayudará a afinar el tiro, a que alguna de esas puertas u otras en las que no había pensado se abran. La realidad, a menudo, es diferente a lo imaginado. A esos jóvenes  — y no tan jóvenes —  que han entendido que la literatura, entre muchas cosas, es apartarse de la corriente de la vida para escribir sobre sus secretos, les recomendaría que leyesen las memorias de Enrique Murillo, Perso...

Leer a Dostoievski a 35 grados a la sombra

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No fue una buena idea leer a Fiódor Dostoievski a comienzos de otro verano africano, con temperaturas que sobrepasan los 30 grados, anulando, casi por completo, la voluntad. Ya de por sí el novelista ruso exige, en condiciones normales, un esfuerzo físico y mental. Físico si se trata de novelas como Los demonios , objeto de esta reseña, que abarca 900 páginas. Y mental por el elevado número de personajes, con nombres que a menudo cuesta retener (ninguno se llama Pepe López ni María Ramírez, por ejemplo), la trama y las subtramas desarrolladas y sobre todo la densidad de algunos diálogos. Dostoievski como gigante literario te exige mucho como lector; es un tour de force , un reto que exige paciencia y dedicación, pero merece la pena intentarlo.  En sólo un año he leído tres libros de Fiódor Dostoievski: Memorias sobre la casa muerta , basada en su experiencia como preso en Siberia, El idiota y Los demonios . Todas ellas de una larga extensión, especialmente las dos últimas. En la c...