Sin riesgo no hay beneficio

Como lector -y no sólo como lector- soy conservador. Me gusta ir a lo seguro, a la certeza de los autores conocidos. No piso bibliotecas ni pido prestados libros, que rara vez se devuelven, de modo que si quiero seguir leyendo no me queda otra que rascarme el bolsillo. Una novedad literaria cuesta 20 euros de media. Es una cantidad apreciable que invita a no tomarte estas cosas a la ligera. ¡Y si después de comprado, el libro nos decepciona!

Pero el lector, al igual que el escritor, debe arriesgar alejándose de las rutas seguras. Es conveniente abrir la ventana para ventilar la habitación de gustos literarios que, a fuerza de repetirse, conducen a la monotonía. En España hay mucho donde elegir. Puede que en estos momentos haya más escritores que lectores. Lo difícil es acertar ante tal desmesurada oferta. Ni que decir tiene que las mujeres copan las novedades en las librería. A ojo de buen cubero, calculo que entre el 60-70% de lo expuesto en las estanterías está escrito por ellas. 

Para mí, hombre de rarezas, es un problema añadido, pues mi gustos han sido 'homoliterarios', es decir, he leído sobre todo a hombres, aunque la lectura de excelentes escritoras como santa Teresa de Jesús, María Zambrano, Virginia Woolf, Dorothy Parker, Carmen Laforet, Edit Wharton y sor Juana Inés de la Cruz, entre otras no citadas por no aburrir al lector, me hayan procurado instantes de placer y felicidad.

Cuando uno mira la solapa del libro de una joven novelista española, todo serán alabanzas escritas en un tono hiperbólico. Casi siempre nos hallamos ante una obra maestra, ante el inicio de un prometedor ciclo en las letras hispánicas. De ahí mis dudas y recelos: estas chicas ¿son, en realidad, tan buenas como dicen, o son productos del marketing feminista? Con esto no pretendo desmerecer a nadie, pero no cabe pasar por alto que en la literatura, como en otros campos, se vive hoy un desquite de las mujeres por tantos siglos de discriminación. Un hombre, en igualdad de condiciones, tiene más difícil publicar que una colega.  

Sara Mesa (Madrid, 1976) figura entre las novelistas más elogiadas por la crítica.  Es autora de novelas como Cuatro por cuatro, Cicatriz, Cara de pan, Un amor y La familia, y del libro de relatos Mala letra. También ha cultivado el ensayo en Silencio administrativo. 

Hace cuatro años leí Mala letra. Ni frío ni calor. Ni fu ni fa. Libro correctamente escrito. Hoy sería incapaz recordar ninguno de sus relatos. Sólo me acuerdo de la portada del libro, que parecía homenajear a los cuadernos de caligrafía Rubio. La sensación que me dejó tras su lectura fue, en todo caso, mejor que cuando me atreví con la novela Farándula, de Marta Sanz. Es un misterio cómo esta obra pudo ser distinguida con el Premio Herralde.  

A Sara Mesa había que darle una segunda oportunidad para no volver a leerla o seguir interesándose por su obra. Era una operación de riesgo calculado. Escogí Un amor, novela editada por Anagrama y que fue llevada al cine por Isabel Coixet. Sólo alcancé a  ver los treinta minutos primeros minutos. 

Un amor, publicada en el año de la pandemia, está escrita en tercera y en tiempo presente (cada vez más narradores evitan el pretérito como tiempo verbal en sus historias). La protagonista es una joven traductora que se traslada a vivir a una pedanía, La Escapa, tras un incidente en su vida. Desde el primer momento se siente una forastera tanto en La Escapa como Petacas, el pueblo al que pertenece la pedanía. En el trato con la gente de campo percibe hostilidad, otras veces frialdad, o una ironía que no acaba de entender. "Aquí, en este sitio, nadie entiende a nadie", le confiesa Roberta, una anciana con raptos de lucidez, pese a la demencia senil. 

La protagonista, de la que no conocemos su nombre, se ha marchado de la ciudad en busca de una nueva vida, pero no sabe por dónde empezar. Duda, vacila de sus decisiones y desconfía de los hombres, sobre todo, de los hombres. Al casero lo teme y desprecia, al hippy (Píter) lo mira con suspicacia y del vecino casado duda de sus intenciones. El alemán, que en realidad se llama Andreas, hombre misterioso y huraño, despertará su desconcierto cuando le haga una proposición. 

La traductora vive con un perro, al que pone el nombre de Sieso porque la rehúye.

Un amor está escrita con prosa eficaz y ágil, de frases cortas y diálogos vivos, con un estilo que cautiva al lector porque elimina lo prescindible de un discurso narrativo que se centra en lo esencial: narrar los palos de ciego, los miedos, los anhelos, las subidas y bajadas, el amor y el dolor de una mujer en busca de "cierta forma de paz, una revelación", como puede leerse en sus páginas. 

Invitaría a leer esta novela notable de Sara Mesa. La grata impresión que me he dejado me anima a leer otras novelas suyas. He descubierto a una autora interesante 

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