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Así se pierden las guerras

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No me importa admitirlo aun a riesgo de ser incomprendido e incluso vilipendiado. No me interesa en absoluto el curso y el desenlace de las guerras de Ucrania y Palestina. ¡Con su pan se lo coman sus contendientes! La única guerra que me preocupa es la que enfrenta a la civilización con la barbarie. Y me preocupa porque la estamos perdiendo de manera quizá inexorable.  Pondré un ejemplo. Hoy domingo 22 de septiembre, cuando comienza el otoño, cierra la librería Izquierdo, ubicada en la Gran Vía Fernando el Católico de Valencia. Abrió en 1979. Fue continuación de un quiosco situado en la calle Bailén desde 1937. La han llevado Juan y su hermana Pilar. No sólo era librería; también vendían prensa y artículos infantiles (duele emplear el verbo en pasado). En el mismo bulevar cerró el año pasado la librería 2000. También combinaba la venta de libros con prensa.  En Izquierdo he comprado libros y periódicos. El último ejemplar que me llevé fue El Síncope Blanco y otros cuentos de l...

Sólo nos salvarán los malos

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La verdadera literatura, la que conturba y conmueve, la que no rinde cuentas a nadie ni a nada, está herida de muerte. Puede que sea cuestión de lustros que desaparezca. El mismo hecho de leer está amenazado. Cada vez se lee menos porque la lectura exige unas condiciones -la concentración y el silencio- que cuesta encontrar en un mundo gobernado por los pistoleros del ruido.  Entre los enemigos de la verdadera literatura están los que pretenden hacer de ella un catecismo laico. Esto no es nuevo. En la historia siempre ha habido escritores que han puesto su pluma al servicio de una causa. En el siglo XX se habló de literatura comprometida, asociada a movimientos como el realismo social, del que sólo queda el polvo del olvido, más allá de alguna novela digna.  En este tiempo puede decirse que la pelea por el dinero y la gloria efímera de las letras se da entre los escritores partidarios del entretenimiento y los que pretenden contribuir al progreso de la humanidad. Los segundos ...

El chicle hitleriano

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Me gusta leer sobre historia, más si cabe si se refiere a la era contemporánea. Uno de mis periodos favoritos es el nazismo. Busco entender aquellos años en libros escritos por historiadores que consideran su materia como una ciencia y no como un relato de buenos y manos. Rigor frente a fantasía. En mi biblioteca ocupa un lugar destacado la biografía de Ian Kershaw sobre Adolf Hitler, editado por Península en dos volúmenes. Los heredé de mi tía Remedios, quien compartía también la afición a la historia.  Este verano reviví los tiempos del nazismo con una película y un libro. Antes de centrarme en el segundo, ya que esto es un blog literario, recomiendo  La caída de los dioses , de Luchino Visconti, estrenada en 1969. Junto con El hundimiento , es la película que más me gusta sobre el nazismo. La película de Visconti retrata la crisis de una familia de industriales cuando Hitler toma el poder en Alemania. Deberán adaptarse al movimiento hitleriano para sobrevivir, pero no todos...

Nos gustaría ser Edmundo Dantés

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Hay libros que ocupan un lugar privilegiado en la memoria. Se lo merecen porque su lectura nos procuró la felicidad. Suelen ser muy pocos. El estreno reciente de una película me ha recordado que uno de esos libros es El conde de Montecristo , de Alejandro Dumas. Lo leí convaleciente de una operación de la espalda, hace doce años. Ocupé un mes en leer los dos volúmenes en que la editorial había dividido la novela. Asegurar que fue experiencia dichosa es decir la verdad. Me hizo tanto bien como las medicinas que me calmaron el dolor.  Ahora la historia de Edmundo Dantés, publicada en 1844, vuelve a cobrar vigencia a raíz, como decía, del lanzamiento de la película francesa dirigida por Matthieu Delaporte y Alexandre de La Patallière, y protagonizada por Pierre Niney, que encarna al conde de Montecristo. La película, de tres horas de duración, se permite ciertas licencias respecto a la obra, omitiendo o cambiando el sentido de algunos pasajes, lo que le puede restar crédito, a juicio ...

El bucanero cartagenero

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Recién estrenado agosto, viajé a La Manga con un doble propósito: descansar del tedio valenciano, con su calor húmedo, sus moscas y sus obreros perturbando el descanso estival, y saludar a don Arturo Pérez-Reverte. Lo primero lo conseguí, a poco que lo intenté, pero lo segundo quedó pendiente para mejor ocasión. He de confesar que albergaba dudas, si bien el lugar y la época del año me hicieron alentar la esperanza -ingenua, como pudo verse después- de que el insigne académico pasaría unos días de vacaciones en La Manga o Cabo de Palos, en ambos casos término municipal de Cartagena, lugar donde el escritor nació hace muchos pero que muchos años.  Lejos estuvo mi búsqueda de ser improvisada, pues en las tardes de julio me hice un croquis de lugares donde el autor de El italiano podía dejarse caer en agosto. Empecé por el paseo marítimo de Cabo de Palos, por si lo veía salir a navegar, dada su conocida afición al mar, pero no hubo tal. A muy pocos pasos, me acerqué a la escuela de b...

Un preso llamado Dostoievski

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El último libro que ha caído en mis manos ha sido Memorias de la casa muerta , de Dostoievski. En realidad no cayó en mis manos; lo cogí de una estantería de la librería Méndez, en la calle Mayor de Madrid, muy cerca de donde vivía Javier Marías, que la tenía entre sus favoritas. Con seguridad la novela del ruso no figura entre las lecturas recomendadas para el verano, en esa lista de autores perecederos que se mueven entre la novela negra de un sueco bien parecido, y el último tormento romántico de una presentadora de televisión, vinculada por lo general al grupo Planeta.  Memorias de la casa muerta  (Alba clásicos) dista de ser la literatura portátil que se lleva a la playa con la sombrilla y el tinto de verano. Dostoievski no es Javier Castillo, para entendernos. Pero vayamos a la triste y luminosa historia que nos cuenta nuestro amigo Fiódor. Es autobiográfica. Está basada en su paso por la prisión militar de Omsk, en Siberia, donde estuvo recluido cuatro años (1850-1854)....

Huérfanos de Umbral

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A la vuelta de mi reciente viaje a Madrid creí haber perdido un libro. El hijo de Greta Garbo , de Francisco Umbral (editorial Austral). Me lo había olvidado en la habitación del hostal. Me quedaba poco para acabarlo. Es una novela -si así se puede considerar- que tenía pendiente desde hace muchos años, pero no encontraba la ocasión para leerla. Publicada en 1982, la historia recrea la relación del Umbral niño y adolescente con su madre soltera en el Valladolid de la República, la guerra y la posguerra. La madre, de ideas azañistas, murió joven, de tuberculosis. El hijo de Greta Garbo es una elegía a la madre perdida, como Mortal y rosa , la obra maestra de Umbral, es el lamento por su niño muerto a los seis años. Vuelvo siempre a Umbral en prueba de agradecimiento. Fue uno de mis amores de juventud. Pocos libros me han hecho tan feliz con su lectura. Uno de ellos fue  Trilogía de Madrid , leído en las noches de una primavera universitaria. Me colmó de felicidad cuando me estrenab...