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Una presencia llamada Yann

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A María Consuelo Reyna, amiga y compañera Los amigos me regalan libros. Mi amiga María Consuelo Reyna me ha regalado un buen puñado de ellos, con los que he rellenado un estante de la librería del comedor. Me queda poco espacio, esa es la verdad. No sé dónde encontraré hueco para tanto papel impreso. Me entristece pensar en el destino que les espera cuando ya no esté. Son como los hijos que no tuve y los que me suavizan los días.  Pocas personas han influido en mi vida. Mis padres y diez o doce más. María Consuelo figura en esta exigente lista. Sin conocerme de nada, cuando era un estudiante de 3º de Periodismo, me dio la oportunidad de hacer prácticas en Las Provincias . Era el verano de 1989. Repetí al año siguiente. Pasaron unos años, y volvió a acordarse de mí, cuando me encontraba en paro. Me contrató en 1996. En el diario trabajé hasta 2003. Con María Consuelo aprendí a sobrevivir en este oficio cruel y hermoso que deja cadáveres a su paso.  Desde hace un tiempo somos am...

Los últimos de Filipinas

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Al llegar hoy a casa me he reconocido en la voz de Luis Rosales, en aquel poema memorable de La casa encendida , que empieza así: Porque todo es igual y tú lo sabes has llegado a casa y has cerrado la puerta con aquel mismo gesto con que se tira un día,  con que se quita la hoja atrasada al calendario cuando todo es igual y tú lo sabes. En Valencia ha llovido una lluvia fina e inocente, pese a que las autoridades, siempre tan consideradas con sus súbditos, habían anunciado el Apocalipsis. Los cuatro jinetes, sin embargo, no llegaron a la ciudad, así que habrá que esperar un poco más, quizá sólo unos días o semanas, a ver si con suerte asistimos al final de los tiempos, lo cual no sería mala noticia.  Esta tarde he vagabundeado por la Gran Vía Marqués del Turia. Una arteria muy literaria. En ella vivió María Moliner y muy cerca, en la calle Almirante Cadarso, Max Aub, y en la de Taquígrafo Martí, el poeta Juan Gil-Albert. Era la hora de la comida. Las casetas de la Feria del Li...

Una bella historia de amistad

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Más por obligación que por devoción, y no se desprenda de mis palabras ningún género de aversión hacia uno de mis libros preferidos, releí recientemente el Quijote , no el texto original, claro está, sino una versión adaptada para el público adolescente que llena las aulas de bachillerato.  Cuando tenía la edad de mis alumnos y por profesora a doña Antonia Cruz, oriunda de Melilla, todo un temperamento, vaya que sí, me vi obligado a leer, como el resto de mis compañeros, un Quijote sin soda, en una edición de Austral, con una letra de cuerpo tan pequeña que se asemejaba a un ejército de pulgas. Años después, cuando la vida comenzaba a ir en serio, releí la novela de Cervantes en una edición prologada por el catedrático de la Universidad de Barcelona, José María Valverde. El libro me pareció diferente porque yo también lo era. Si Dios me conserva la salud, espero tenerlo entre mis manos un par de veces más. Cada lectura es diferente: el Quijote no se agota nunca.  ¿Qué puedo ...

Recuerdo de un poeta gaditano

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                                                                                        En el día de mi cumpleaños   Uno de los mayores castigos a los que se enfrenta un profesor de instituto es explicar, por enésima vez, a la generación del 27. Hay cosas peores, es cierto, como analizar un artículo de Rosa Montero. Pero no conviene minusvalorar el tormento de glosar las entrañas del Romancero gitano , esa 'pena negra' del admirado Lorca, tantas veces comentada y que nos lleva a renegar a algunos, siquiera discretamente, del poeta de Fuente Vaqueros.    La generación del 27 es, al decir de algunos críticos cualificados, la Edad de Plata de la literatura española. ¡Menos lobos, Caperucita! Más bien habría que precisar que es un grupo de poetas que manejaron...

Un artista del infortunio

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La alegría por dar con un libro que creías perdido sólo es comparable al placer por el reencuentro con un viejo amigo. Me ocurrió hace poco: rescaté del olvido Franz Kafka. Imágenes de su vida , de Klaus Wagenbach, editado por Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. Me acuerdo perfectamente de quién me lo regaló en 1998. El volumen repasa la vida del escritor chico a través de una colección de fotos. Por sus páginas pasan, además de él, los miembros de su familia, las mujeres que amó, sus amigos, los lugares donde vivió y veraneó.  Con motivo del centenario de su fallecimiento leí El proceso , El castillo y sus diarios. También vi la película La grandeza de la vida , que evoca su último año de vida, cuando la tuberculosis le ha ganado la partida. En el instituto me obligaron a leer (fue exactamente eso, un mandato) La metamorfosis . Entonces se titulaba así; desde hace un tiempo pasó a llamarse La transformación . Esta novela corta o relato largo se publicó en 1915. Gran parte de l...

Esto no va de maricas ni machotes

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¿Le atraían a Homero, en caso de haber existido, los chicos o las chicas? ¿Le hubiera gustado a Dante practicar el sexo oral con Beatrice? ¿Tuvo alguna vez relaciones íntimas Azorín en su largo matrimonio? Son preguntas que, más allá del picor morboso, no merecen respuesta desde un punto de vista estrictamente literario. No cabe perder tiempo en ellas.  Sin embargo, la sexualidad de los escritores está encima de la mesa. Nunca la identidad sexual (¡terrible expresión!) había condicionado de tal manera la valoración de la obra de un autor. La tiranía de la identidad, impuesta por el movimiento de los despiertos , no conoce límites: también ha entrado a saco en la literatura. La ha violentado con sus sucias manos.  Antes, la consideración de una novela o un poema se basaba principalmente en su calidad artística. Hoy, en cambio, prevalecen otras razones para cierta crítica moralista, como la mencionada identidad sexual, la raza y la ideología del autor. Si se repasan los premios ...

La bruma y el destierro (notas para un relato en Irún)

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Para Imanol y Ana En Hendaya se respeta el día del Señor. Todo el comercio está cerrado en domingo. Sólo encuentro dos cafés abiertos en la plaza de la República. En uno de ellos, el Ttiki Baci, me tomo un café con leche. Recuerdo la misa en la iglesia Saint-Vicent, situada en uno de los extremos de la plaza. La ceremonia es oficiada por dos sacerdotes, uno blanco y otro negro. Hermosa la voz del blanco entonando el Aleluya . Les ayuda una monaguilla. Los feligreses participan cantando villancicos. El oficio tiene una solemnidad que rara vez se encuentra en las parroquias españolas.  En Hendaya, poco después de cruzar una frontera, te encuentras la estación de tren. Esta ciudad francesa es un importante nudo ferroviario, como lo fue Irún. Aquí Franco y Hitler celebraron la famosa entrevista en 1940. No sé qué quedará de la antigua estación, pues el edificio es moderno. Un hombre negro, desde la otra acera, me dice: "Bonjour, monsieur" . Me pide un cigarrillo. Con señas le res...