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Envejecer, morir, es el único argumento de la obra

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La gente muere y no es feliz. En cambio, unos pocos sí lo llegan a ser, como Mario Vargas Llosa. Un tipo con suerte: además de su innegable atractivo por carácter y físico, fue un genio de las letras, el último gigante de la literatura en español. Un estajanovista en lo suyo: decía que su obra era fruto del trabajo y no de su talento. La modestia de un grande. Murió de viejo, a los 89 años.  La vejez, ¡ay!, la vejez. Oteo la senectud en el horizonte. Me faltan cinco o seis estaciones para llegar a esa estación. Hace un par de semanas, leí una entrevista que le hacían al poeta Luis Antonio de Villena a propósito de su último libro, Miserable vejez . La conversación con el periodista giraba en torno a la decadencia física y mental en el invierno de la vida. No hay nada rescatable en hacerse viejo, decía De Villena, que tiene la elegancia patricia de no caer en el autoengaño.  La cercanía de la vejez y sus estragos en uno mismo y en sus relaciones con los demás centran la novela ...

La mala literatura nace de un buen corazón

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España es un país extraño, desconcertante y cada vez más peligroso. En España te ocupan tu vivienda y tienes que pagarle la luz, el gas y el agua al delincuente; la presunción de inocencia ha dejado de existir para los hombres, considerados violadores potenciales, y se censuran libros como en los tiempos de Gabriel Arias-Salgado. Me detendré en esto último, dada la naturaleza de este blog.  Quien siga vagamente la prensa se habrá informado de la polémica suscitada en torno al libro El odio , de Luisgé Martín. Esta obra trata de José Bretón,  que el 8 de octubre de 2011  asesinó a sus dos hijos, Ruth y Javier, de seis y dos años, para hacer daño a su mujer. El escritor da voz al asesino, con quien llegó a hablar.  A poco de conocer la publicación de El odio , Ruth Ortiz, la madre, reclamó que el libro no se distribuyera alegando el dolor causado por su exmarido. La Fiscalía de Menores de Barcelona, para proteger la memoria de los niños, solicitó el secuestro del libro...

Una presencia llamada Yann

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A María Consuelo Reyna, amiga y compañera Los amigos me regalan libros. Mi amiga María Consuelo Reyna me ha regalado un buen puñado de ellos, con los que he rellenado un estante de la librería del comedor. Me queda poco espacio, esa es la verdad. No sé dónde encontraré hueco para tanto papel impreso. Me entristece pensar en el destino que les espera cuando ya no esté. Son como los hijos que no tuve y los que me suavizan los días.  Pocas personas han influido en mi vida. Mis padres y diez o doce más. María Consuelo figura en esta exigente lista. Sin conocerme de nada, cuando era un estudiante de 3º de Periodismo, me dio la oportunidad de hacer prácticas en Las Provincias . Era el verano de 1989. Repetí al año siguiente. Pasaron unos años, y volvió a acordarse de mí, cuando me encontraba en paro. Me contrató en 1996. En el diario trabajé hasta 2003. Con María Consuelo aprendí a sobrevivir en este oficio cruel y hermoso que deja cadáveres a su paso.  Desde hace un tiempo somos am...

Los últimos de Filipinas

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Al llegar hoy a casa me he reconocido en la voz de Luis Rosales, en aquel poema memorable de La casa encendida , que empieza así: Porque todo es igual y tú lo sabes has llegado a casa y has cerrado la puerta con aquel mismo gesto con que se tira un día,  con que se quita la hoja atrasada al calendario cuando todo es igual y tú lo sabes. En Valencia ha llovido una lluvia fina e inocente, pese a que las autoridades, siempre tan consideradas con sus súbditos, habían anunciado el Apocalipsis. Los cuatro jinetes, sin embargo, no llegaron a la ciudad, así que habrá que esperar un poco más, quizá sólo unos días o semanas, a ver si con suerte asistimos al final de los tiempos, lo cual no sería mala noticia.  Esta tarde he vagabundeado por la Gran Vía Marqués del Turia. Una arteria muy literaria. En ella vivió María Moliner y muy cerca, en la calle Almirante Cadarso, Max Aub, y en la de Taquígrafo Martí, el poeta Juan Gil-Albert. Era la hora de la comida. Las casetas de la Feria del Li...

Una bella historia de amistad

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Más por obligación que por devoción, y no se desprenda de mis palabras ningún género de aversión hacia uno de mis libros preferidos, releí recientemente el Quijote , no el texto original, claro está, sino una versión adaptada para el público adolescente que llena las aulas de bachillerato.  Cuando tenía la edad de mis alumnos y por profesora a doña Antonia Cruz, oriunda de Melilla, todo un temperamento, vaya que sí, me vi obligado a leer, como el resto de mis compañeros, un Quijote sin soda, en una edición de Austral, con una letra de cuerpo tan pequeña que se asemejaba a un ejército de pulgas. Años después, cuando la vida comenzaba a ir en serio, releí la novela de Cervantes en una edición prologada por el catedrático de la Universidad de Barcelona, José María Valverde. El libro me pareció diferente porque yo también lo era. Si Dios me conserva la salud, espero tenerlo entre mis manos un par de veces más. Cada lectura es diferente: el Quijote no se agota nunca.  ¿Qué puedo ...

Recuerdo de un poeta gaditano

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                                                                                        En el día de mi cumpleaños   Uno de los mayores castigos a los que se enfrenta un profesor de instituto es explicar, por enésima vez, a la generación del 27. Hay cosas peores, es cierto, como analizar un artículo de Rosa Montero. Pero no conviene minusvalorar el tormento de glosar las entrañas del Romancero gitano , esa 'pena negra' del admirado Lorca, tantas veces comentada y que nos lleva a renegar a algunos, siquiera discretamente, del poeta de Fuente Vaqueros.    La generación del 27 es, al decir de algunos críticos cualificados, la Edad de Plata de la literatura española. ¡Menos lobos, Caperucita! Más bien habría que precisar que es un grupo de poetas que manejaron...

Un artista del infortunio

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La alegría por dar con un libro que creías perdido sólo es comparable al placer por el reencuentro con un viejo amigo. Me ocurrió hace poco: rescaté del olvido Franz Kafka. Imágenes de su vida , de Klaus Wagenbach, editado por Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. Me acuerdo perfectamente de quién me lo regaló en 1998. El volumen repasa la vida del escritor chico a través de una colección de fotos. Por sus páginas pasan, además de él, los miembros de su familia, las mujeres que amó, sus amigos, los lugares donde vivió y veraneó.  Con motivo del centenario de su fallecimiento leí El proceso , El castillo y sus diarios. También vi la película La grandeza de la vida , que evoca su último año de vida, cuando la tuberculosis le ha ganado la partida. En el instituto me obligaron a leer (fue exactamente eso, un mandato) La metamorfosis . Entonces se titulaba así; desde hace un tiempo pasó a llamarse La transformación . Esta novela corta o relato largo se publicó en 1915. Gran parte de l...